En una tarde calurosa de principios de septiembre me encontré por primera vez con el hombre ilustrado.



Dieciocho ilustraciones, dieciocho cuentos. Los conté uno a uno.
Primero, mis ojos se posaron en una escena, una casa grande con dos personas. Vi unos buitres que volaban en un cielo rosado y ardiente. Vi leones amarillos, y oí voces.
La primera ilustración tembló y se animó.

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